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ObCP - Opinión
“Compras de uso corriente” y Sistemas Dinámicos de Adquisición: contra una lectura reductiva y a favor de un estándar funcional de racionalización

Está apareciendo de manera alarmante una interpretación estrecha del requisito de “compras de uso corriente” asociado a los Sistemas Dinámicos de Adquisición (SDA), que limita su ámbito a adquisiciones simples, de bajo contenido técnico y recurrentes. Esta lectura choca con el diseño normativo del SDA como procedimiento plenamente electrónico, abierto durante toda su vigencia, y destinado a la adquisición de bienes, servicios y obras disponibles en el mercado “de manera general” y susceptibles de normalización por categorías.


Este trabajo propone una reconstrucción funcional del concepto de “corriente”, entendido como aptitud para ser adquirido en un mercado abierto, estandarizable y objetivamente comparable. Se plantea un test operativo basado en indicadores y se muestra su utilidad con dos casos: un invernadero prefabricado y servicios de desarrollo de aplicaciones informáticas.


La tesis es doble: (i) “corriente” no equivale a “simple” ni a “barato”, sino a “racionalizable”; y (ii) la discusión no debe resolverse mediante exclusiones apriorísticas, sino mediante un diseño cuidadoso de categorías, lotes y reglas que preserven la comparabilidad y la apertura del mercado.

09/03/2026

1. Introducción: del carácter corriente intuitivo al estándar funcional


La noción de “compras de uso corriente” se ha cargado de connotaciones intuitivas: consumibles, suministros menores, bienes de catálogo de baja complejidad. Desde esa óptica, cualquier contrato con fuerte contenido técnico quedaría automáticamente expulsado del ámbito de los SDA. Esta forma de razonar genera un cortocircuito: desplaza un problema de diseño del instrumento al terreno de una exclusión conceptual apriorística.


El Manual de la Comisión Europea sobre sistemas dinámicos de adquisición (EXEP, 2022) describe el SDA como un procedimiento en dos fases, totalmente electrónico, abierto durante todo su período de validez a cualquier operador económico que cumpla los criterios de selección, y apto para bienes, servicios y obras “disponibles en el mercado de manera general” y normalizables por categorías. Además, subraya que en un mismo SDA pueden llegar a celebrarse miles de contrataciones específicas, lo que conecta la racionalización con el volumen y la granularidad de las decisiones de compra, más que con la supuesta simplicidad del objeto.


La pregunta adecuada no es si el objeto “parece complejo”, sino si es racionalizable en términos de mercado, categorías y comparabilidad.


2. El SDA como técnica de racionalización


El SDA se configura en dos pasos: (i) fase de establecimiento y cualificación, en la que se admite al sistema a todos los candidatos que cumplan criterios de selección; y (ii) fase de contrataciones específicas, en la que se invita a todos los participantes admitidos en una categoría determinada a presentar ofertas para cada necesidad concreta.


Debe tramitarse como un procedimiento restringido, con la particularidad de que no existe límite numérico de candidatos admitidos, y el sistema permanece abierto a nuevos operadores durante toda su vigencia. El procedimiento ha de ser plenamente electrónico, lo que exige pliegos normalizados, interoperabilidad y uso intensivo de datos estructurados.


Estas características hacen que el SDA sea particularmente adecuado para gestionar nuevos operadores, nuevos productos y precios volátiles, permitiendo que el poder adjudicador responda con rapidez y flexibilidad sin sacrificar la competencia. Frente al acuerdo marco, que cierra el mercado a los operadores no adjudicatarios durante todo su período, el SDA mantiene un mercado permanentemente abierto.


3. Reconstruir “compras de uso corriente”: de la simplicidad a la capacidad de racionalización


3.1. De “simple” a “disponible de manera general en el mercado”


El Manual EXEP formula el ámbito objetivo del SDA en términos de adquisiciones “disponibles en el mercado de manera general” y “comúnmente utilizadas”. Esta fórmula desplaza el foco desde la idea de “simplicidad” hacia la de disponibilidad general: lo relevante no es que el bien o servicio sea rudimentario, sino que exista un mercado que lo ofrezca en condiciones comparables, sin necesidad de diseñar una solución única para cada expediente.


Es posible que un objeto tecnológicamente exigente encaje en la categoría de “uso corriente”, siempre que las prestaciones puedan definirse y compararse con arreglo a parámetros objetivos y exista pluralidad de operadores en el mercado.


3.2. Indicadores de carácter corriente como estándar funcional


En la práctica, se manejan diversos rasgos como indicadores de que una compra es “corriente” en el sentido funcional:

 

  • Disponibilidad general en el mercado: existencia de prestaciones ofertadas de forma general, permitiendo hablar de tipos, familias o servicios-tipo.
  • Estandarización por familias/categorías: posibilidad de definir categorías de productos, obras o servicios con base en características objetivas.
  • Especificación técnica objetivable: capacidad de describir el objeto mediante parámetros técnicos verificables.
  • Multiplicidad de proveedores: existencia de varios operadores que puedan suministrar prestaciones equivalentes.
  • Precio y condiciones comparables: información de mercado suficiente para comparar ofertas sin depender de variables opacas o negociaciones caso a caso.
  • Capacidad de agrupar: posibilidad de construir categorías o lotes que reúnan prestaciones sustancialmente comparables.


Estos elementos operan como indicadores acumulables: cuanto más se cumplan, más sólida será la conclusión de que la compra es buena candidata a SDA.


3.3. Repetición temporal y número de adquisiciones


El Manual EXEP vincula la eficiencia del SDA no tanto a la periodicidad como al hecho de que puedan celebrarse múltiples (incluso miles de) contrataciones específicas. El indicador determinante no es que la necesidad se manifieste “cada mes”, sino que el SDA vaya a soportar un alto número de decisiones de compra sobre una misma familia, a menudo con demanda fragmentada (distintas unidades promotoras o centros de coste). Ese patrón de mercado estandarizado por el lado de la oferta y microdecisiones dispersas por el lado de la demanda es el entorno natural de la racionalización mediante SDA.


3.4. Negociación y exigencia de comparabilidad ex ante


El SDA se ancla en la lógica del procedimiento restringido, lo que implica la prohibición de negociar: la selección debe hacerse sobre la base de ofertas presentadas bajo criterios y especificaciones predefinidos. Esta característica refuerza el carácter ex ante del estándar de “corriente”: solo son buenos candidatos para SDA aquellos objetos que pueden definirse de forma suficientemente precisa como para admitir comparación competitiva sin negociación.


4. Casos prácticos


4.1. Invernaderos prefabricados: entre el suministro modular y la solución “llave en mano”


Traigo como este caso en concreto, no pretendo generar una discusión sobre el expediente en concreto, sino todo lo contrario, espero que se entienda como ejemplo. El pliego técnico analizado describe un invernadero compuesto por dos naves de 8 × 40 m (superficie total 640 m²), con requisitos estructurales, características de materiales (acero galvanizado con recubrimientos específicos, cumplimiento de normas UNE) y detalles de elementos constructivos (pilares, arcos, canalones, sistemas de fijación del plástico, ventilaciones, puertas). A priori, aparece la imposibilidad de que se trate de un bien corriente.


Pues bien, si se aplica el test funcional:

 

  • Disponibilidad general en el mercado: existen bastantes fabricantes que ofrecen estructuras prefabricadas de invernadero con configuraciones estándar por módulos, materiales y opciones de ventilación.
  • Estandarización y categorización: los componentes estructurales pueden agruparse en categorías técnicas con especificaciones mínimas.
  • Se puede establecer fácilmente elementos que permitan la comparación de ofertas.


La conclusión no debería ser “los invernaderos no son corrientes”, sino que el SDA ha debido contemplar en su diseño cubrir la parte del objeto que es realmente modular y comparable: categorías para suministro de estructura y componentes (con rangos dimensionales, cargas, materiales definidos), categorías para equipamiento adicional (pantallas, ventilación, motorizaciones), y tratamiento separado o paramétrico de otras prestaciones. Lo problemático no es el objeto (invernadero) sino la pretensión de integrarlo todo en un único paquete que destruye la posibilidad de ser agrupado y comparado.


4.2. Servicios de desarrollo de aplicaciones informáticas


A primera vista, también el desarrollo de software parece alejarse del concepto de compra "corriente": proyectos singulares, fuerte componente intelectual, riesgos de lock-in. Sin embargo, la experiencia comparada muestra un uso creciente de SDA en ámbitos TI. La clave está en cambiar la unidad de contratación: en lugar de licitar "el desarrollo completo de la aplicación X", se licitan prestaciones modulares disponibles en el mercado de manera general.


Si se aplica el test funcional:

 

  • Disponibilidad general en el mercado: Existen numerosas empresas que ofrecen servicios de desarrollo de software como prestaciones estandarizadas: fábricas de software por perfiles/roles, servicios de mantenimiento con SLA definidos, paquetes de integración y migración como servicios-tipo.
  • Estandarización por familias/categorías: Pueden definirse categorías de cualificación claramente diferenciadas: desarrollo (por tecnologías: backend, frontend, móvil), mantenimiento y evolución, testing y QA, integración y migración, DevOps, cada una con criterios de selección específicos (certificaciones, experiencia, facturación).
  • Especificación técnica objetivable: Los servicios pueden describirse mediante parámetros verificables: perfiles profesionales (analista senior/junior, arquitecto, desarrollador), SLA (tiempos de respuesta, resolución de incidencias), métricas de calidad (cobertura de tests, deuda técnica), metodologías obligatorias (Scrum, Kanban), herramientas y tecnologías requeridas.
  • Multiplicidad de proveedores: El mercado TI presenta alta competencia con múltiples operadores capaces de suministrar servicios equivalentes bajo estos parámetros, especialmente en tecnologías mainstream.
  • Precio y condiciones comparables: Las tarifas por perfil/hora, los paquetes de horas, los SLA y los modelos de pricing (tiempo y medios, precio fijo por entregable) son comparables entre operadores sin necesidad de negociación singular.
  • Capacidad de agrupar: Es posible construir lotes por tipo de servicio (desarrollo vs. mantenimiento vs. testing) o por tecnología (Java, .NET, Python), manteniendo prestaciones comparables dentro de cada categoría.


El desarrollo de software no queda excluido del SDA por ser complejo; queda reconducido al ámbito "corriente" cuando el órgano de contratación es capaz de convertirlo en prestaciones modulares (servicios de fábrica de software, mantenimiento evolutivo, integración) en lugar de proyectos monolíticos cerrados, nuevamente no es la flecha es el arquero


5. Implicaciones prácticas y orientaciones


A la luz de lo expuesto, cabe formular algunas orientaciones operativas:

 

  • Motivación del uso del SDA: justificar la elección no solo por necesidades recurrentes, sino por el número esperado de contrataciones específicas, la existencia de un mercado estandarizado por familias y la necesidad de evitar cerrar el mercado durante largos periodos.
  • Diseño de categorías y lotes: en objetos “mixtos”, separar lo modular de lo dependiente del emplazamiento y utilizar categorías que reflejen prestaciones comparables; si el intento de agrupar conduce a subcategorías infinitas, revisar el diseño.
  • Exigencias de información y digitalización: aprovechar el potencial de procesos completamente electrónicos, plantillas estructuradas y reutilización de datos.
  • Cautelas en mercados sensibles: integrar el SDA en una lectura teleológica que tenga en cuenta la necesidad de flexibilidad, rapidez de respuesta y disponibilidad de alternativas.


6. Conclusión


“Compras de uso corriente” no puede reducirse a “compras simples, baratas y recurrentes”; es, más bien, un estándar funcional que mide la aptitud de un objeto contractual para ser adquirido en un marco de mercado abierto, normalizable y comparable, compatible con procesos electrónicos y alto volumen de decisiones de compra.


El SDA es una técnica estructural de racionalización diseñada precisamente para ese entorno: dos fases, apertura continua a nuevos operadores, posibilidad de miles de contrataciones específicas y combinación con herramientas como los catálogos electrónicos. La tarea del intérprete no es encoger el ámbito del SDA mediante intuiciones sobre el carácter corriente, sino diseñar cuidadosamente categorías, lotes y reglas de evaluación que permitan aprovechar su potencial sin sacrificar los principios de igualdad, transparencia y competencia; y eso vale tanto para estructuras prefabricadas con implantación como para servicios de desarrollo de software, siempre que sepamos transformar el objeto en prestaciones estandarizables y comparables.


Epílogo: el verdadero obstáculo no es el SDA, es la resistencia al cambio


Voy a terminar diciendo algo que me duele: asisto con profunda tristeza a cómo, nuevamente en España, nos anclamos en lo cómodo antes de aprender nuevas formas de gestionar. El SDA es una herramienta potente, flexible, orientada al futuro de la compra pública. Pero su crecimiento se ve frenado una y otra vez por personas que no quieren evolucionar, que se encuentran ancladas en lo de siempre y que, en lugar de buscar maneras de ayudar a la organización y simplificar yendo al grano, se dedican a entorpecer, a levantar muros interpretativos, a declarar “imposible” todo lo que les saque de su zona de confort.


Y lo peor es que muchas de esas mismas personas son las que luego gritan a los cuatro vientos lo imprescindibles que son, lo saturadas de trabajo que están, lo heroico de su esfuerzo diario. Pero, ¿de verdad es heroísmo repetir los mismos pliegos de acuerdos marco durante años? ¿De verdad es celo profesional negarse a explorar un SDA bien diseñado que podría ahorrar cientos de horas de tramitación? No. Es resistencia al cambio. Es miedo a que la innovación revele que gran parte de esa “carga de trabajo” es, en realidad, burocracia autoimpuesta y falta de racionalización.


No estoy pidiendo que todos los contratos se tramiten por SDA. Estoy pidiendo que dejemos de excluir apriorísticamente objetos que son perfectamente racionalizables, que dejemos de confundir “complejo” con “inadecuado para SDA”, y que empecemos a entender que la complejidad no está en el objeto, sino en el diseño del procedimiento. Y diseñar bien exige formación, esfuerzo y, sobre todo, voluntad de cambiar.


El SDA no va a crecer en España mientras sigamos premiando la inercia y castigando la innovación. Mientras sigamos dejando que quienes no quieren aprender dicten qué es “corriente” y qué no. Mientras confundamos prudencia con parálisis.


La compra pública se merece algo mejor. Y los ciudadanos también.

Colaborador

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Responsable de Racionalización y Planificación de la Compra Pública en Universidad de Almería. Experto en Contratación Electrónica, Sistemas Dinámicos de Adquisición (SDA) y Catálogos Electrónicos.